Algunas observaciones sobre el populismo:

El populismo es engañoso al proponer luchar contra las élites   sus privilegios, egoísmo, carácter corrupto y desprecio de la gente         común, la cual es víctima de un caudillo que les convence de           encarnar al pueblo y expresar sus deseos, rasgos típicos de los         fascismos como se denuncia en el libro Juan Rivas; el repitiente.         Para algunos se les mira con desconfianza por la izquierda                 democrática, aunque algunos pensadores como Ernesto Lacau y el teórico de Podemos, Íñigo Errejón, para quienes, por ser una               ideología hueca en determinado momento, es capaz de alojar la       frustración y justa rabia de los oprimidos contra instituciones               democráticas insuficientes, incapaces de dar respuesta a las             demandas populares.
En nuestro ensayo el Dilema venezolano, el tema se califica como   “la deuda de la democracia”. Para Chantal Mouffe ese es el                 momento populista para provocar el cambio social con el                   carburante de la frustración, la rabia y las insuficiencias                       democráticas. Javier Cercas cuestiona que ese carburante para         impulsar a Trump, a Le pen y a Podemos, con la única diferencia es de que para el último su populismo es benigno mientras que el de   los otros 2 es maligno. Ahí radica para cercas la equivocación o la      inconsistencia, si no la hipocresía, planteando que es mil veces        preferible el peor político que el mejor caudillo, porque el paquel   está hecho para la paz y el último para la guerra. Preguntándose       además ¿basta cambiar a los de arriba por los de abajo o a la élite     por la gente común para que desaparezca la corrupción y un país     sea más justo y más próspero? Dado que nadie con dos dedos de     frente se cree la pamema de que el pueblo es esencialmente           virtuoso, no ocurrirá más pronto que tarde que, ¿convertidos en la     nueva élite los de abajo se vuelvan tan egoístas, corruptos y             privilegiados como los de arriba? ¿La nueva casta como la vieja?     ¿Qué habremos arreglado, entonces? ¿No será que como decía la     vieja izquierda, lo que hay que cambiar no son las personas sino el   sistema? (Javier Cercas, Palos de Ciego, El País, España, domingo 28 de agosto de 2016.)
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