Ella, la de vida alegre

A la mujer de vida alegre le llaman prostituta. En la realidad política afirmaríamos que a la Constitución habría que apedrearla como pretendieron con María Magdalena, pues no ha habido nada con más vida revoltosa que ese Texto, que más que “fundamental” habría de llamársele “insignificante”. Para encontrar un precepto que no se haya transgredido ha de acudirse a la magia. Así lo expone el sacerdote Sergio Serna, alumno del uruguayo Daniel Iglesias Grézes, Magister en Ciencias Religiosas, invitado de Luis Chumaceiro de la Cátedra de Derecho Constitucional.

No habría peñascos en el universo, acota el académico Chumaceiro, para lanzarles a los autores de la prosti­tución constitucional. De acuerdo, expresa el sacerdote. Un primer elenco de transgresiones está referido a los principios constitucionales fundamentales: 1. Venezuela es libre e independiente, lo que contradice la comunidad con Cuba; 2. Es un Estado democrático y social de derecho y de justicia, quizás uno de los más, no solamente violados, sino desconocidos en su integralidad, pues no hay democracia, y en lo atinente a lo social bastaría para negarlo la desigualdad humana que se ha profundizado, acompañada por una crisis humanitaria sin precedentes. Si se piensa en el derecho, sería suficiente para afirmar que es lejano recordar los fallos de los pseudomagistrados del TSJ, a quienes habría de calificar, como en la era de Hitler, los jueces del terror; y en lo referente a la justicia, sabemos que ésta es ciega, pero no en manos de idóneos, y 3. Los preceptos restantes (artículos del 3º al 7º), relacionados con los fines esenciales de la Repú­blica, la descentralización, la soberanía popular, la tipología del gobierno como democrático y la concepción de la Carta Magna como Ley de Leyes, se enfrentan con la conclusión irrefragable de ser “grosero el descono­ci­miento”. Por lo que respecta a la Bandera, el Himno Nacio­nal y el Escudo de Armas (artículo 8º), no puede expre­sarse otra cosa, sino que se exhiben con el remoquete “Chávez vive y la patria sigue”; y finalmente la permisión para los idiomas indígenas como de uso oficial, los manda­mases no solamente han olvidado lo preceptuado, sino que están  a punto de apresar al gobernador Liborio Guarulla y a los diputados de Amazonas, área indígena sin cuestio­namiento alguno. Dios, ten piedad de ellos expresa el Padre Serna, persignándose. Chumaceiro y los discípulos al unísono contestan: ¡Amén!

Pero allí no concluyen las violaciones que obligan a calificar imperativamente como “de vida alegre” a la afa­mada Constitución de la ya detestable V República, manifiesta el bachiller Tiburcio Carvajal, el No. 1 de la clase. Permítame proseguir, responde el profesor. La Cons­titución, queridos alumnos, tiene 350 artículos, por lo que aplicando la máxima de que, quien sabe leer lo hace de cualquier manera, inclusive con el periódico al revés, saltemos los artículos del 10 al 339, todos transgre­didos, para reflexionar en lo concerniente al Capítulo III referido a la Asamblea Nacional Constituyente (integrado al (Título IX, de la Reforma Constitucional), esto es, que de los 9 primeros (Título I, Principios Fundamentales) pasaríamos a los 4 últimos (347 al 350), por ser éstos, además, aquellos cuyo cumplimiento demandamos los venezo­lanos en las calles, ante un gobierno que desconoce lo que la Carta Magna prevé y hace lo que no consagra. Prevalido de las armas de la República que jamás ha usado para su defensa, causa muerte a jóvenes estudiantes y masacra diariamente a un pueblo que demanda lo que el propio constituyente del 99, representado en ese entonces por los que hoy gobiernan, dejaron escrito sin saber por qué y para qué. La exigencia popular, en efecto, se dirige a:

1. El ejercicio de la soberanía popular por el pueblo, que titular de la misma, plantea elecciones para que la gente diga si el gobierno prosigue o se cambia;

2. Que de realizarse una Constituyente, ella ha de tener por objeto diseñar un nuevo Pacto Social ante la inexistencia por exagerada prostitución del texto del 99, y

3. Desconocer a un régimen que, sin duda alguna, ha contrariado los valores, principios y garantías democráticas y menoscabado los derechos humanos.

Testimonio de ello es la condena unánime que se ha hecho en la comunidad internacional y las manifestaciones de repudio en las calles de Caracas y otras ciudades del país. El sacerdote sonríe al académico en reconocimiento a su sapiencia y coraje.

Teodosia Malavé, alumna sobresaliente pide la palabra y expresa que ha de recordarse a Carlos Andrés Pérez, cuyo defenestramiento inconstitucional alcanzó en estos días 23 años y quien presagió el desastre que usted, profesor, ha narrado. Permítame que le invitemos con el padre Serna a la lucha que en la calle mantiene el pueblo para el rescate de la dignidad. Defenestramos a Pérez y no tumbamos a estos depredadores, que han convertido a la Constitución en una prostituta y sin pagarle.

Manos a la obra, decía CAP. Concluye Teodosia.

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