Magaly Humpiérrez

LUIS BELTRÁN GUERRA G. |  EL UNIVERSAL
viernes 5 de febrero de 2016  12:00 AM

La inclinación por conocer la justicia la convierte en profesional de la abogacía, informándose que el Derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando (E. Couture). En su ejercicio profesional no le convence alegar que un precepto normativo regula una determinada conducta, por lo que se inclina por aplicarlo, proponiéndose a tal fin ubicarse en el status para ejercer la rectoría en la observancia de la norma. Lo cual supone pensar bastante, convencida de que mientras más jerárquico el cargo le seria mayormente posible.

Entiende que en tan importante función ha de observar la pirámide concerniente a la jerarquía de las fuentes del ordenamiento jurídico y que la Constitución ocupa en ella el 1er lugar (Kelsen). Es propicio por ello que se le denomine Carta Magna, Ley de Leyes, Texto Constitucional y Norma Suprema. Deja a un lado reglas gramaticales asumiendo que en cada oportunidad que se le mencione la 1ra letra ha de ser mayúscula. Una manera sencilla de ilustrar que el Texto Constitucional ocupa un puesto preferente en el bloque de la legalidad, conforme al cual es inválido todo acto de los poderes públicos que no sea conforme a la Ley.

La máxima de sus actuaciones en la judicatura estará en consonancia con esta apreciación, escriturada como precepto formal en el artículo  7 de la Carta Magna (La C. es la norma suprema y el fundamento del ordenamiento jurídico) que jura cumplir fielmente. Sabe asimismo que habría de tener como norte el principio universal de la separación de los poderes y que igualmente estatuye la Constitución (cada una de las ramas del Poder Público tiene sus funciones propias). Además que se toma en cuenta el concepto de potestad, atribuciones y competencia, entendida la última como el orden para el ejercicio del poder público (la Constitución y la Ley definirán las atribuciones de los órganos que ejercen el Poder Público y a ellas ha de sujetarse su ejercicio). A la abogada no le disgusta que al texto se le califique como la Constitución revolucionaria, creyendo que tal vez la haga más fácil aplicarla. Aunque no es de su agrado que se le llame “la bicha”.

Pero no imagina Magaly que la referida Carta Magna comienza a desaplicarse desde su misma vigencia tanto en lo formal como en lo sustancial.  Y que consecuencialmente, prevaliéndose de un poder autocrático que se gesta con un aceptable respaldo popular, se crea un régimen constitucional ad hoc, pero contrariando los principios que ilustran a la democracia que estipula el constituyente (Venezuela se constituye como un Estado democrático).

En la labor que a solas experimentan los jueces de aplicar con profunda atención el pensamiento a la consideración de una tarea (DRAE), no olvida el episodio de la Alemania nazi, de la Italia de Mussolini, de la España de Franco y atípicas autocracias latinoamericanas, que colocaron a su lado la justicia para aplicar los preceptos escritos acomodados a las pretensiones del régimen, creándose todo un ordenamiento jurisprudencial favorable a las pretensiones del caudillismo. Carl Smith entre ellos, no obstante divulgar que un Estado de Derecho sin división de poderes no es tal. Pero esta máxima es vulnerada como lo reconoce la historia a lo largo de la estadía de tales regímenes. En esos acontecimientos la voluntad de un solo individuo (un símil del Emperador en Rusia) fue la suprema ley y el orden jurídico tuvo únicamente valor nominal (Serra Rojas). El real era el ideado por juristas y jueces con vocación para el juego. Magaly se siente sosteniendo un símil.

Sabe que ha aplicado la Ley apartándose de su espíritu, propósito y razón, alimento de un proceso tan extraño que el propio pueblo que lo apoyara sufraga (Dic. 6) para  que finalice. No duda que la justicia constitucional demanda aprender y pensar, entendiendo que el Parlamento elegido ha de aceptarse como un faro que se eleva sobre la cúspide de la sociedad para irradiar sobre ella los tinos de la razón política (J.M. Matheus), debiendo evitarse el predominio del Poder Ejecutivo, pues ello conduce irremediablemente a la tiranía (R.G. Aveledo). Particularmente, si el Juez no aplica el Texto Fundamental. El largo tiempo para edificar lo que la Constitución no dispone ha sido negativo y ello no deja de alterar la conciencia de la juez Humpiérrez.

A ratos se refugia en la lectura encontrándose con la pregunta, ¿si alguna vez quiere ver retorcerse a un Magistrado, demándele cuál es el porcentaje de pleitos en lo que se rinde tributo a la justicia? (MH McCormack, Toda la verdad sobre los abogados). Pero se inquieta mucho más al constatar que D. M. Kelley después de sus conversaciones con Herrmann Goring, el mariscal del Reich, concluye que el mal tiene sus encantos (Jack El – Hay, El Nazi y el Psiquiatra).

Magaly sabe que no se verá envuelta en un juicio como los de Núremberg, pero envejece convencida que ha debido portarse mejor. Le hubiese bastado con aplicar objetivamente la Ley. La República fuera otra.

@LuisBGuerra

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